Obesidad Abdominal: Epidemia De Nuestro Tiempo

La obesidad es una epidemia en el siglo XXI y su importancia continuará aumentando si no se toman medidas para prevenirla. Por ello, constituye uno de los principales problemas de salud en las sociedades modernas. Se estima que uno de cada dos adultos españoles tiene exceso de peso, de forma que existe obesidad en el 15 por ciento y sobrepeso en el 39 por ciento de la población general. La obesidad es especialmente preocupante en la infancia y en la juventud, en los que existe obesidad en un 14 por ciento. Las tasas de obesidad y sobrepeso son mayores en las comunidades autónomas con una mortalidad cardiovascular más elevada, como Andalucía, Murcia o Canarias.

El aumento de la obesidad que se está produciendo en las sociedades modernas se debe tanto a los cambios en la dieta como a la disminución de la actividad física. Las dietas con más calorías y mayor cantidad de grasas e hidratos de carbono refinados contribuyen al incremento de la obesidad.

Los pacientes que sufren obesidad tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares (hipertensión arterial, angina de pecho, infarto de miocardio, etcétera) y de presentar diabetes mellitus lo que, a su vez, contribuye a incrementar aún más el riesgo cardiovascular. Además, conlleva otros muchos problemas de salud (apnea del sueño, problemas ortopédicos, hígado graso, litiasis biliar, etcétera), por lo que es fundamental prevenirla y tratarla.

Localización de la grasa

El riesgo cardiovascular de la obesidad depende en gran medida de la localización de la grasa, siendo aquella que se acumula en el abdomen la que produce una mayor afectación vascular.

Por el contrario, la grasa localizada en las caderas o en otras partes del cuerpo no incrementa el riesgo cardiovascular. La grasa abdominal produce las alteraciones metabólicas más importantes. De hecho, esta grasa no es un tejido metabólicamente inactivo sino que, por el contrario, produce numerosas sustancias (leptina, adiponeptina, factor de necrosis tumoral alfa, resistina, etcétera) que contribuyen al desarrollo de resistencia a la insulina (disminución de la capacidad de la insulina para introducir la glucosa dentro de las células) y diabetes mellitus. Estas sustancias también producen inflamación de las paredes de las arterias, lo que facilita la aparición de la arterioesclerosis.

La presencia de la obesidad abdominal puede determinarse fácilmente midiendo el perímetro de la cintura, que se considera anormal cuando mide más de 102 cm en los hombres y más de 88 cm en las mujeres. Aunque se han sugerido otras medidas adaptadas a cada población (94 cm para ambos sexos en los europeos), las indicadas previamente son las más utilizadas.

Los pacientes que tienen aumento del perímetro de la cintura suelen presentar asociados otros factores de riesgo cardiovascular, como elevación de la glucosa, incremento de los triglicéridos, hipertensión arterial y disminución del colesterol HDL (“bueno”). Si el paciente en cuestión tiene tres o más de estas alteraciones, se dice que presenta el denominado síndrome metabólico y tiene un riesgo cardiometabólico elevado (riesgo de sufrir de infarto, ictus, diabetes…). En el síndrome metabólico, la asociación de varios factores de riesgo incrementa el riesgo cardiovascular más que lo haría la suma del riesgo de cada uno de los factores (el riesgo total es más que la suma de las partes).

Recomendaciones

La pieza fundamental para la prevención y el tratamiento de la obesidad abdominal es el mantenimiento del peso corporal normal mediante la realización de ejercicio físico y una dieta adecuada. La pérdida moderada de peso (alrededor del 10 por ciento del peso corporal o 5-10 kg) permite obtener una mejoría importante del riesgo cardiovascular del paciente.

El ejercicio físico debe adaptarse a cada individuo. Como regla general, se recomienda caminar al menos tres kilómetros al día o realizar, como mínimo, 30 minutos de cualquier actividad moderada, aunque es más recomendable incrementar esa actividad a unos 10.000 pasos al día (cada paso es 50-60 cm, por lo que equivale a 5-6 km al día). Un podómetro puede ayudarnos a controlar esta actividad.

La dieta debe ir dirigida a reducir el peso, por lo que deben reducirse las calorías. La dieta mediterránea (rica en frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos, pescado o legumbres) consigue una reducción de peso y mejora el síndrome metabólico. Además, las dietas basadas en alimentos con un índice glucémico bajo (elevan poco la glucosa después de ingerirlos) son también capaces

de producir reducción de peso y, con ello, disminuir la glucemia y la presión arterial. Algunos fármacos pueden ayudar a reducir el peso y, con ello, el riesgo cardiovascular de los pacientes con obesidad abdominal y síndrome metabólico, por lo que pueden utilizarse de ser necesario.

Determinar, prevenir y controlar

– La presencia de la obesidad abdominal puede determinarse fácilmente en la exploración física midiendo el perímetro de la cintura.

– Se considera que el perímetro de la cintura es anormal cuando mide más de 102 cm en los hombres y más de 88 cm en las mujeres.

– El perímetro de la cintura debe medirse con una cinta métrica al nivel de la parte superior de los huesos de las caderas (crestas iliacas), dado que esta localización suele coincidir con el máximo perímetro abdominal.

– Cuando el perímetro abdominal está aumentado, existe incremento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

– El ejercicio físico y una dieta adecuada son esenciales para el tratamiento y prevención de la obesidad abdominal.

– Debe realizarse un ejercicio físico moderado durante al menos 30 minutos al día o caminar 3-6 km diarios.

– La dieta mediterránea y las dietas ricas en hidratos de carbono con bajo índice glucémico son útiles para reducir y mantener el peso.

– La pérdida de peso de forma moderada (alrededor del 10 por ciento del peso corporal

Consejo: Para la prevención y el tratamiento de la obesidad abdominal hay que mantener el peso corporal normal mediante ejercicio físico y una dieta adecuada.

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